TEXTOS DE CHAUDE SIN FORMATO SIN LAS IMAGENES DE 2002-2003 Y 2004 DESDE EL CIBER ESPACIO [DE LAS WEBS ANTERIORES] ESCRITURA AUTOMÁTICA, SIN CORRECCIONES

De pronto te reverbera el deseo, furioso, salta hacia atrás para contener su impulso. Desnudo contra la blanca pared, mirara desde tu inmovilidad, mi sexo derramado, entre tactos de hilo y la contraluz fría de este silencio.
Mis desgarrados movimientos en mi cuerpo que se cierra, se vuelve espiral y grito ahogado. Palabras mudas. Siento tu deseo tintineando, sedoso de tacto, mordiendo el giro de mi locura.
Mis manos de sombras tocan tu silueta en la pantalla y resiguen tus labios, mientras veo caer la cera de la vela, gota a gota. Distancias que no se unen, pliegues que se abren en espacios intermedios.
Maleables mis muslos en el serpentino susurro de tu furia, contenida, y tu furia aplastada en la pared. Incisión en tu mente cuando por fin, lamo, muerdo y saboreo mis palabras y... escupo sus pepitas en tu cuerpo de luz.
Déjame marcar las notas con mis pasos de aguja! déjame acercarme a ti! para verte en el reflejo, en la hoja del estilete de mi placer. Déjame teclear estas palabras que solo tienen sentido en este instante.

Chaude, instantes, 2002


Sin matices en el cielo y la casita llena de luz en la ladera de la colina. No la veo, no; estoy dentro pero mirando hacia fuera, su espejismo. Qué desgarro! Aún descalza y temblando, mi mente de aire se desvanece. Cierro las luces para sentir el amanecer o es la noche qué se deja ver.
Mis imágenes son palabras que se pierden en el no decir, cuando, entre sombras, el día se imagina noche, en la pared blanca. Todavía entre sabanas, donde me agarré a mi gemido, estás tumbado y adormecido, extranjero!; con tu pluma escribo palabras, pensamientos que se van… y escribo trazos de mi noche en este espacio de llenos… y de blanco papel, donde –después, ahora, leo mis vacíos.
No llegaré jamás a detener mi confusión, no; son deseos que se pierden en el transitivo del instante o quizá, en aquellos “gerundios” de la poesía leída.

Chaude, diciembre 2002 2/5


Oigo como tu sueño se detiene y casi dejo de respirar. La luz de la habitación es borrosa, polvo a contraluz, pero de pronto recupero tu aliento. Mi mente agitada mira tu rostro, marcado por palabras disueltas y sin sentido, mis palabras. Pienso en el deseo de borrarlas... mis labios rozando cada una de las letras para luego lamer su color. Párpados trasparentes de sueños, los tuyos, y mi tráquea quema, arde de estos susurros sin decir...!
Y escupo besos con otras palabras y humedezco cada una de estas tibias letras; sé de tu despertar, sé de tu deseo, intensidad de intensidades.
Me miras sin verme, pero en tu mirada leo el tacto del amanecer y, en el espejo de la habitación, mi rostro y el tuyo lleno de tiempos... Muchacho, ahora ya no distingo el presente, la contraluz me ciega.

Chaude, diciembre 2002 3/5

 

Ay!... Qué placer cuando nuestros sentidos se balancean, se emborrachan y se mezclan! Degustando olores, escuchando tactos, mirando el sabor del cuerpo en esta corta noche... y ahora, exhaustos, nuestras mentes yacen sobre el césped reseco del verano. A esta hora, el parque nos pertenece, la verja está aún cerrada. Mira! a lo lejos las luces de las casas despiertan y la luna se deja ver. Pronto la ciudad temblará y su pulso en nuestros pies, pero a esta hora... por qué no? el parque nos pertenece, por ser mendigos, por ser amantes. Sabes? Hoy es viernes y en el Norte todo irá más aprisa y nadie se detendrá.
A mediodía hará mucho calor, iremos al Sur, al sur de la ciudad, y descansaremos en el hall de los cines Lauren’s, allí el aire lo hacen frío, de allí no, no nos echaran, y quizá alguien detenga su andar.
Duermes mi amor? Sí, todavía duermes

Chaude, diciembre 2002 4/5


Posiblemente no hay nada más después... quizá el amor consiste en esto... en grafiar nuestras mentes de signos gestuales y de miradas que contienen el aroma de los instantes.
Hoy, con la persiana a medio cerrar, el espacio son mil rayas cubriéndonos y encerrándonos en esta alcoba prestada, y su luz de siesta se arquea y rasga mis ojos...
Escucha! Escucha mi sangre como borbotea aún, está caliente y quema, quema las palabras, quema mi sexo. No me oyes! No, estoy sin voz, pero sigue mi tacto, mis dedos se desliza por estas mil rayas que, ondulantes, se mueven en tu cuerpo, caricia que se funde en tu piel fría de sudores.
No, no me agites con tu silencio, mi mente se quedaría sin reflejos.
Huiremos de aquí cuándo las luces no me dejen ver? Huiremos.

Chaude, diciembre 2002 5/5


Mis palabras eran frías y cortantes, eran navajas que penetraban en el denso aire, queriendo poner al descubierto el pensamiento del otro, queriendo saber. Y sesgaban los blancos sobrantes y vaciaban llenos de nadas para dar espacio. Reseguían sombras y perfiles.
¡Qué sudor más metálico! Y mi sangre agitada, bombeaba mi corazón y tenía esa sensación de subida que da el deseo. De pronto, a la vista, palabras huecas y blandas, todas sueltas, como flotando en el silencio. Las soplaría para que cayeran en la certeza.
¡Cuánta ligereza, cuánta volada...! y miré hacia otro espacio, aquel, donde palabras rojas mancharan mi pensamiento.
Siempre perdiéndome en estos instantes.

Chaude, Intermedios! 2003

De mi locura?
Es muy sensitiva.Si hace viento quiero sentir su movimiento en mí y quiero ir lejos con él y colarme por todas las rendijas del placer. Si llueve mojarme, escurrirme, resbalar y empaparme hasta ser agua. Si está el cielo encapotado, volverme gris “París”, ahogarme en él para ser amante, al puro estilo peliculero. Y si hace sol, volverme sombra de su luz, y esconderme, en la habitación oscura tras la persiana entre abierta, justo para ver su intensidad...; y si es martes? pensar que habrá un lunes más para maldecir. Mi locura es, hoy, el toc-toc de mi pulso mental, poco más. Quizá es locura reposada, un estímulo para mi mente y, de sus piruetas, un tiempo para sonreír.

Chaude, 4 de febrero, atmósferas  1/2 2003


Y hoy me rebelo en la escritura que es como un decir sin ser visto. Quiero ficcionar toda mi vida, desde que sale el sol hasta que mis sueños detienen mi mente. Volveré a dejar rastro de mí en estas imágenes invertidas que miran desde el espejo. Siento deseo, también, de ver a los otros frente a mí para que, como mi gesto, se columpien en sensaciones.
Me rebelo de mi negación en esta escritura que tecleo, rápida y desde el rincón, aunque no sirva para otra cosa que para trampear este maldito minuto a minuto que me lleva a la contradicción, que me hunde en la perplejidad, que me conmueve sin poder dar un salto hacia delante, que me hace viajar donde nunca quise ir, en las ciénagas más cerradas del absurdo… Y donde por la mañana, uno hace esgrima, por la tarde, juega al ajedrez; Y, y por la noche.... se planifica, sin otra posibilidad, la mismísima huida.
Si escribiese una sola palabra, sería más..... ¿pero cuál de ellas es la que marca mi rabia?

Chaude, atmosferas 2/2,2003

 

Te fuiste, te alejaste...y te vi salir de mi espacio; hoy espacio de luz, que me ciega y me deja vacíos. Te saliste cuando mi mente se perdía en la palabra deseo... Y no vas a volver, porque bien sabes que mis espacios se funden en un estéril lamento de pliegues, de ausencias que no se ven, ni se tocan, ni se escuchan...pero son ilusiones desvaneciéndose constantemente. Mi vértigo plano se vuelve espiral y salto, ahora, hacia aquellos vacíos tuyos, que salpicaron mi pensamiento.

Chaude, enero 2003, E1/3

 

Entonces, la vida estaba fuera, donde las letras, sin detenerse, se unían para ser palabras y, como los versos del poeta, vivían provocando mis sentidos.
Fue entonces, aunque yo no sabía nada de mi espacio de letras, cuando ellas, las letras, las palabras, se colaron por las rendijas hacían mi espacio. Fue entonces cuando el afuera no tenía otro límite que el mundo mismo...! Y es ahora cuando el tiempo me parece el límite de mi espacio, insignificante espacio para tanto!.
Hoy siento la ausencia y pienso que quizá, aquellas letras, aquellas palabras, viviéndolas, las maté, las asesiné una a una. Quizá nunca sabré donde encontrar los significados de las palabras ausentes!

Chaude, enero 2003, E2/3


En este espacio y dentro de este vacío, ando en trasparencia de tacto, y resigo sus hendiduras y sus fugas; fugas que no sé dónde empiezan ni donde terminan. Ya no hay otra mirada, es sin duda el yo quien revuelve a mí... Las líneas se me unen y pequeños pero hinchados pensamientos toman formas plenas como los gemidos en el verso del poeta que, ayer, desnudaron mi clamar.
Luego borraré cualquier indicio que descubriera que, en este espacio de vacíos, están colgadas mis palabras insignificantes, palabras que no saben decir pero que dicen sin grafía.

Chaude, enero 2003, E3/3


Desde el hilo de la telaraña
De pronto suspendida. Agarrada en el fino hilo desprendido de la telaraña. En balanceo de espera de viento, de espera de recorrido dichoso, trazado por mi mirada.
Sorteo los hundimientos de los surcos de barro -rojos y húmedos- doy pasitos sobre sus crestas endurecidas y saltos hacia tierra firme, hacia la hierba pegajosa. Después fijo el camino que va al altiplano, donde los árboles están torcidos y el horizonte, talón de fondo, sin ruta posible...
Suspendida y agarrada a la sombra de la tarántula que lentamente sigue y sigue devorando el porvenir… Espero, espero que el viento me sacude, me eche en este suelo mirado bajo mis pies... en una nueva realidad.

Chaude, Suspendida, 2003

Ceguera
Mi carita en sus manos, un beso en la frente y sus dedos reseguían mis cejas, mis ojos, los pómulos, la barbilla y el óvalo de mi cara, y dibujaban mis labios.
Luego sus manos acariciaban mi pelo. Y yo contenía la respiración mientras mi padre decía: saca el aire, es pensamiento. Mis ojos húmedos deseaban su mirada ciega, en mis pequeños dedos.
Sus dedos sobre mi rostro y su voz que me decía: hoy eres distinta de ayer, tienes una letra en tu mejilla..., vas a ver! con ella, maravillarás a todos.
Mi mano buscaba la M de “Maravillas” y corría hacia el espejo y oía a mi padre decir: el tacto de lo que no escrito, sólo se ve con los ojos cerrados.
Cerré los ojos y miré.
-¡Ven! siéntate a mi lado quiero mirarte. Sus yemas acariciaban las hendiduras de mi sonrisa...
-¿Sonríes? ¿y tus pensamientos de qué color son?, son azules?--Sí, són azules como el mar, le dije.
-Mmmm, los veo resbaladizos como un pez, no se deja coger-.
Yo deseaba mi mirada en mis pequeños dedos, deseaba su mirada en mis ojos.

Chaude 29/1/2003

 

Aún con mi cuerpo lleno de plata y todavía con mi rostro manchado de rojos, voy por esta ciudad, de espacios en el aire y sin salida alguna, y voy por las calles laterales, vagando por sus fronteras; ocultándome de las luces que ciegan, escondiéndome de la fría noche. Me persiguen voces calladas que mi mente recorta, dejando esparcidos agujeros en la memoria..
Joo era un mendigo del metro de New York, escribía de recortes de periódicos y llegó hacer un libro. Mis fragmentos no son poemas, y quizá mis torpes palabras, sin transparencias ni saltos, son mis confusiones, mis laberintos. Son palabras que se pliegan en sí mismas.
I al final me siento esbozo de sentido… cuando encuentro caracolas en mi bolsillo.
Seguir rastreando parece hoy que sea la única salida de mi parálisis mental... impotencia de tantas guerras, de tanta hambre, de tanta crueldad en estas ciudades de mi tierra.

Chaude, 10/3/2003, “De mis ciudades” 1/

 

Las yemas de mis dedos marcando letras, una tras otra, reconstruyendo palabras. Tac, tac, palabras que se unen, que saltan de un espacio a otro, como si no pudieran permanecer ya más tiempo en él, en mí.
Siento la presión del tacto en cada uno de los signos, y me siento letra, no vacío. Veo el movimiento de mi mente en mis dedos, ahora rápido, ahora lento. Con pausas y sin ellas. ¿Nada qué decir? Pienso, y mi respuesta son gritos y golpes en palabras sobrantes. Todo por decir, pero cuando tecleo su sentido, el giro de mi emoción borra su trazo.
Todo dicho, en la negación.

Chaude, enero, 2003, “Incomunicación” 1/3

 

Entré en la habitación y sobre la cama habían palabras. Fui a recogerlas pero me paré e intenté ponerlas en orden, pero fuera de si mismas, no hubo manera de encontrar el sentido. Pensé en ti y escuché nuestros susurros de anoche, luego acaricie las palabras, y las cogí una a una, para colocarlas en mi cuerpo, en mi boca, en mis labios, en mi mirada, en mi frente, en mi sexo. Con el resto jugué a soplarlas hasta que logré que cayeran todas al suelo. Después me dormí, y soñé que un día tus palabras, otra vez, volverían a tener voz.

Chaude, enero, 2003, “Incomunicación” 2/3

A veces mis pensamientos son como las calles de mi ciudad, perpendiculares entre ellos, haciendo una cuadricula. Si no supiese dónde está el mar y las colinas, el espacio sería un laberinto. A veces mis pensamientos se mueven en los vacíos de este tablero de ajedrez donde se alzan altivas las figuras. Siempre esperando el fin de la partida y ver caer el rey… siempre pensando que, entonces, mis espacios podrían expandirse, y así, sin miedos podría recorrerlos y llenarlos de sentido. Si existirá esta posibilidad, mis pensamientos serían distintos.

Chaude, enero, 2003, “Incomunicación” 3/3


Extrañas sensaciones se cruzan y me parece imposible discernirlas de mi espacio. Oía una cucharada tras otra, le daba la sopa en su inmovilidad. Oía como tragaba y el descender líquoso hasta el estómago, poco más. Luego, una sonrisa de labios, un pestañear de aire que aplastaba y mi voz, hueca en el silencio, acaricia su pelo, indulgente cadencia. Se durmió y su respiración arrinconó la mía que se ahogaba en si misma, mientras el ruido del mundo estaba en mi mente y era incapaz de soplárselo. Por la tarde, intenté absorber las alegrías del afuera pero sólo oí gritos de asfalto y de tierra yerma; aquel magnífico mundo que quería darle, me pareció lejano.
Ella yacía en el reposo, su pulso se aceleró cuando le mojé los labios. Y volví a contener mi respiración, quería saber que se pensaba, que se decía en secreto. Mi confusión y su mirada parada en mí, me turbó: tremenda sensación de roca, cuando las olas cuando baten sobre ellas.  Seré yo quien no sabe escuchar los ruidos del mundo? Seré yo quien sólo se escuchar esta mente mía, llena de insignificantes gritos?

Chaude, Ruidos 1/2, 2003


A veces me sé insignificante y otras de mucha presencia, y, a veces, ni lo pienso. Pero este saberme insignificante me produce alivio, y es contrapunto de esta presencia tan egocéntrica de mi actividad mental.
Perderme en absurdos e incontrolados destellos de pensamientos o dejar que desbocados me asaltan -sin poder evitarlo, sin hacer el mínimo esfuerzo para contenerlos es, hoy, incertidumbre. Porque son estos giros del pensamiento, que no de voz, que no de escritura, ni de imagen, ni de contexto, los que quisiera que fueran afirmación de mi cordura. Cómo arrinconar la realidad, ésta la de todos, que se contrapone y que niega, que no encaja en mi lógica, en mi razón, en mi reflejo. Hoy me pregunto sobre su dislocación; ahora, cuando tantos gritamos: otro mundo.

Claude, Ruidos 2/2, 2003

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Me susurró, le escuché y me contó un relato recogiendo significados mudos, y como si fuese él, el mendigo relatado su mirada dibujo realidades nuevas en los subterráneos de los sentidos. Le vi alejarse en sí mismo, dejándome pensamientos sin acabar para que yo siguiera, para que pudiese cerrarlos, terminarlos y, tal vez, para que, así, afirmándome, no le olvidase.

Chaude, Trazos,encuentros, 1/03/2003

“En mis manos polvo de mariposa. La mariposa revoloteo a mi alrededor soplando aire sobre mi rostro y arrancando, poco a poco, las penas de mi mente. De pronto la mariposa voló hacia el horizonte y la perdí. Entonces acerqué las manos a mi boca y lame el polvo de mil colores deseando volar hacia aquel espacio, hacia el detrás. Desperté del sueño y vi como toda mi inmovilidad se rompía y mis pensamientos de plata se colgaba en mis ojos líquidos de la emoción, intensa presencia de encuentro y, a la vez, de contención, frente a ti, frente a ti”

Chaude, 11 de febrero del 2003, encuentros 1/1


A prisa, corriendo, alejándome del frío, ¡hacia delante!, pensaba, ¡hacia dónde hay primavera!, sentí. Sé que si construyo esta ilusión en mis entre tiempos se abrirán nuevos espacios. Sabes? me hicieron sentir extraña y luego me vi como una vieja y una maldita ilusionista, pero ahora cuando tú me pides destellos me dejo llevar. Qué sería de mí vida si no pudiese hacer trucos, si no pudiese jugar, si no pudiese sumergirme o volar… Esas migajas de instantes que inserto en espacios transparentes, sin otro contexto que la inversión misma, me dan un respiro, me dan sentido. Vamos! Quizá nos convertiremos en funámbulos. Déjame coger impulso y mi salto será volado, será para saber más y más de ti, y saber que somos libres a pesar de tanta impotencia, de tanto control, a pesar de que se suma igual en euros que en dólares. Sólo inventando piruetas uno se puede conllevar, no crees?. Pero si no sabes hacer malabares... no te acerques.

Chaude, Afirmació, 17 de febrero 2003


Tumbada en la cama e inmóvil, sentí que el silencio, agarrando en mi corazón, se movía, se expandía y después retrocedía. Era un movimiento sincopado y de amortiguado latido, sin dolor pero con extraña dureza. Mi pensamiento, a golpes, batía mi mente, era una afirmación del no, sin otra salida que mi propio equivoco. Hora tras hora, la noche parecía eterna y sentí, una y otra vez, la distancia en tiempo, la que había entre mis latidos, entre este bombeo acallado por el silencio y el vacío del NO. No había ya ninguna duda para con el otro, NO. ¡Qué insignificante me sentía para respuestas definitivas!. El silencio me agarraba con fuerza y mi pensamiento, una vez más, lamía y besaba, sin hacer ruidos, la inmovilidad misma de mi ser.
Cuando amaneció, el contraluz acarició mi mente, herida de nadas; mis sentidos estaban al rojo vivo y pensé, que era posible otro instante, otro desconocido instante con este otro, el desconocido; o afirmarme que a nadie conocí. En mi contradicción, me sentí de nuevo que estaba en la fría y plateada hoja del estilete de mi emoción, Y NO EN OTRO LUGAR.

Chaude, 24/03/03, A nadie conocí 1/3


Jamás tuve una respuesta definitiva del NO, más bien era mio el NO. Nunca había sido consciente de su peso, de su dimensión y de cómo un NO te puede dejar fuera de lugar. Pero, tampoco jamás mis emociones fueron tan desconocidas en este reflejo de espejos invertidos, en este encararse al desconocido. Mi incapacidad de comunicar y mi mente enferma de silencios fueron, siempre en blanco y negro, mis pobres reflejos.
Un destello de luz, filo de plata, rasgó mi piel y entonces sentí un inmenso placer… y brotaron insignificantes gotas de sangre, insignificantes rojos, los mismos que antaño, de niña, me afirmaban en la amistad.
Jamás he tenido una respuesta definitiva, pero ahora debo ser consciente de su peso, de su dimensión y, sobretodo, de cómo te deja fuera, en un sin-lugar. Debo encontrar palabras y con ellas, el sentido y, tal vez, entonces sea posible olvidar el pasado y afirmar y saberme en otro instante.

Chaude, 24/03/03, A nadie conocí 2/3

 

Pienso que en mi ridiculez me afirmo. Pienso que mi movimiento no es ascendente; tiende a seguir las líneas quebradas. Quizá sea como un encefalograma que sólo marca emociones y unas sensibilidades imposible de vivir fuera de mi pensamiento.
Creo que me modifico en este roce de apariencias insalvables, que oscurecen mi mirada y me convierten en una apariencia más del desorden, en este espacio libre de mi mente. O quizá, esta línea no es ni quebrada ni ondulante y, tampoco, espiral; quizá no la hay, y mi movimiento sea un simple bucle de mi misma.
En mi ridiculez encuentro la distancia real de mi afirmación y en ella la posición frente al mundo. Cuando pierdes la consciencia no hay ridiculez alguna, me digo en un intento desesperado de saberme presente.
¡Cuántas cosas sabía y ahora las abandono por un instante de sentido! ¡Cuántas cosas ignoro para no dejar que mi consciencia deje de ser sensible!
Y es en este decir, sí y no, cuando una se equivoca y pierde su trazo.


Chaude, 24/03/03, A nadie conocí 3/3

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A medianoche, canción en el bar Port-far

Hacía mucho frío aquella noche, dentro el ambiente era muy cálido. Nos contábamos, cuentos de estrellas cuando no hay luna, cuentos de sus reflejos en el mar.
En nuestras manos la tercera o tal vez de nuestra cuarta copa, cuando algo dije, algo dije que nunca le había dicho…
Se inclinó y me susurró:

Ola de emoción
de pensamiento
batiéndose en duras rocas,
contra rocas rompientes
Espuma de plata retrocediendo,
mirando el cielo,
fijando el perfil del acantilado,
para volver al embate,
cortante, doliente.

Déjate llevar por la corriente
entra en la bahía
llega hasta la playa
besa la arena de tu ciudad
Déjate llevar!
Déjate llevar,
balancea velas
ondúlate si quieres!
pero déjate llevar
hasta esta orilla”

- otra vez- dije- para escribirla en la servilleta.
- No es para escribirla es para seguir.
Y dije: “Sopla viento , sopla que así llegaremos juntos, allí nos besaremos”

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Digo lo mismo?
Digo siempre lo mismo?

Dices siempre lo mismo
con las mismas palabras,
como si jugaras
a construir sentido de tu sentir
Dices siempre lo mismo!

Adelante, atrás
dentro o fuera
inclinadas o rectas
unidas o solas,
tus palabras dicen lo mismo

Dirás lo mismo
una y otra vez,
tu realidad no es otra
que tu decir,
más allá de tu horizonte,
a ras de ojos,
entonces, dirías tal vez
distinto

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Ni mañana
ni pasado
ni pasado mañana
ni el otro
ni el otro día,
no será nunca…
Aunque lo desee
aunque lo quisiera
no sé volver…
tal vez no hay lugar

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Qué silencio! el mío
Se rompe
y escribe
a veces piensa,
a veces tiembla
y añora
a veces desea
y susurra

nunca enmudece

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